La huella de Iglesias es inconfundible en las últimas decisiones del Gobierno. Su influencia decisiva se extiende mucho más allá del modestísimo ámbito competencial de su departamento (inventado a última hora para que no fuera el único vicepresidente sin cartera), y alcanza a decisiones económicas trascendentales que exceden de largo su experiencia de gobierno y su conocimiento de la materia. Si en su día Sánchez temía no poder conciliar el sueño con Iglesias dentro del Gobierno , ahora da la impresión de no poder irse a la cama sin consultar cada paso con su lugarteniente. Todos los inconvenientes que Sánchez decía ver en esa alianza, incluidos los de la desconfianza europea y el alineamiento del socio con los separatistas catalanes, se han verificado; sin embargo, el cerco político que el Gabinete sufre tras su fracaso en la crisis del coronavirus ha sobredimensionado el papel de Iglesias hasta volver imprescindible no sólo su respaldo, sino su abrasivo protagonismo en u...